Pretende el emperador medirse con ese hombre para mensurar hasta donde alcanzaban sus saberes, por lo que invita traigan ante su presencia a tan profundo hombre autodidacta que logro perforar los mas arcanos misterios de la sociedad y la naturaleza valiéndose sólo de su profunda perspicacia.
Llega ante el emperador el sabio de periferia, desdentado, ligeramente encorvado, entrado en años, pelo y barba hirsuta y cana, cubierta su cabeza con gorro frigio, bombacha turca de características similares a usadas en la región del plata a las que fueron traídas por los comerciantes ingleses como rezago de las usadas por los turcos en la guerra de Crimea.
Se presenta con sublime humildad ante la autoridad, como sólo saben hacerlo los sabios, descendientes de hititas, conocedores de los peligros que implica mal disponer a la autoridad y preguntado si desea contar con un traductor con voz casi inaudible contesta que para él no era necesario.
Ante ello el emperador, que no podía ser menos, expresa voluntad coincidente de no valerse tampoco de un traductor y con actitud soberbia traza una circunferencia con su bastón de mando en el suelo arenoso del anfiteatro del encuentro y ceremonioso le entrega el bastón al invitado, quien titubeante lo toma y traza una recta que divide el circulo en dos partes iguales y le devuelve el bastón al monarca, quien traza un nuevo círculo en el piso entregando nuevamente el bastón al anciano, quien en esta oportunidad señala un cuarto del círculo.
Satisfecho con la respuesta el emperador muestra con gestos de asentimiento la satisfacción de las respuestas obtenidas y expresa a sus cercanos que evidentemente estaba frente a una persona muy sabia, que preguntado cómo estaba formado el mundo, había contestado la mitad es tierra y la otra mitad aire, y preguntado cómo estaba formada la tierra, había dicho un cuarto es tierra y tres cuartas partes agua.
Mientras el viejito también satisfecho mientras se retira le comenta a los paisanos que lo acompañaban que el emperador le había presentado una bandeja de pasclava y quería conocer cuánto de ella era capaz de comer a los que expresó que la mitad y en segundo lugar le trazó una bandeja más grande por lo que señaló se animaba a comer un cuarto de ella.